Fairy Oak

Fairy Oak

martes, 28 de mayo de 2013

La trágica existencia del medio bocadillo.

Condenados a vivir tras una pantalla de cristal que les separa del mundo aunque no les tapa de su horrible visión; los bocadillos de tortilla, los trozos de pizza, las napolitanas, las croquetas y otros prisioneros de las vitrinas expositoras de las cafeterías de medio pelo viven atemorizados de que llegue el momento en que el cliente los escoja para acabar con ellos.

Entre todos estos infelices, debo destacar especialmente la tragedia de la corta y maltratada vida del medio sándwich vegetal de pan de molde. Un bocadillo español con nombre inglés y apellido absurdo, cuyo ser es brutalmente fracturado al nacer para ser adherido a la fuerza al cuerpo mutilado de un congénere.

Me explico: Un sándwich vegetal se hace con dos rebanadas de pan unidas aunque separadas por todo tipo de obstáculos sin sentido que solo sirven para impedir el reencuentro de las mismas. Como si esto no fuese suficiente humillación, una vez formado se divide el cuadrado en dos mitades triangulares de lo más ridículas, obligando a cada rebanada de pan a dejar tras de sí a la mitad de su ser y forzándola a unirse a la mitad restante del otro cadáver. Una vez finalizado este truculento crímen, se esconde, embalsando los cuerpos con papel film, transparente, en una muestra de morboso exhibicionismo para con la prensa y un gancho comercial para con la clientela.

Podrían reducir sufrimiento innecesario juntando a la mitad de una rebanada con su otra mitad para al menos reunirlos en la muerte. Pero no. ¿Son dignos los productos alimenticios de las cafeterías nacionales de hoy en día? Mi respuesta es rotundamente no.

No seáis cómplices de las injusticias. No consumáis productos generados del dolor, la violencia injustificada ni el odio. 

Apostad por los pinchos de tortilla. Por las napolitanas del supermercado a cincuenta céntimos. Por las patatas bravas con diferentes y extrañas salsas. Por la ensalada que siempre se queda en un rincón abandonada. 

Difunde este mensaje y ayúdanos en esta lucha por conseguir un mundo mejor en el que las cafeterías hacen la comida de forma justa y honrada. Juntos podemos hacerlo.


viernes, 10 de mayo de 2013

El son de sus alas. (Neil Gaiman)


Fotografía: Jorge Lázaro Maquillaje: Sandra Redondo
"Me descubro pensando en la Humanidad. Su actitud hacia el regalo de mi hermana es extraña.
¿Por qué temen las tierras sin sol? Tan natural es morir como nacer.
Pero la temen. Les aterroriza. Intentan aplacarla.
No la aman.
Hace muchos miles de años oí una canción en un sueño, una canción mortal que celebraba su regalo. Aún la recuerdo.
Hoy tengo la muerte ante mí: como un remedio para el enfermo,
como salir al jardín tras la enfermedad.
Hoy tengo a la muerte ante mí: como el olor de la mirra,
como sentarse bajo una vela con buen viento.
Hoy tengo a la muerte ante mí: como la corriente de un arroyo,
como la vuelta de un hombre del barco de guerra a casa.
Hoy tengo la muerte ante mí: como el hogar que un hombre ansía ver,
después de muchos años prisionero.
Ese poeta olvidado la comprendía."

(Neil Gaiman. The Sandman)




martes, 23 de abril de 2013

La estrafalaria explicación de la rareza del hombre extraño.


Y sin más disparates, paso presto a explicarte lo que es el arte. El arte de ser extraño, y también el de extrañarte.

Es muy claro que el ser raro tiene que ver con ser diferente.
Diferente, obviamente, es ser distinto a los demás.

Mas la gente, mi pequeña, no quiere saberse diferente pues sabe que aquel que no se parece al resto, a la mayoría; será rechazado por su grupo, por su entorno y se verá triste, abandonado y solo ¿comprendes? Y eso es horrible, mi pequeña.

Y es que despreciamos lo que no entendemos, las ideas que no compartimos y puesto que eso nos da miedo, lo alejamos, lo aislamos y lo condenamos; a esos a quienes no comprendemos; a los que tememos y a la vez sin saberlo envidiamos, a esos los llamamos “raros”.

Así, por ejemplo, a la vieja mujer de la maceta de flores sobre la cabeza que murmura villancicos entre dientes en agosto la llamamos loca, estrafalaria, rara; al hombre al que le gusta pasar largos ratos observando sonriente sus flores, introvertido, chiflado, raro; al niño que tan solo juega solo con sus muñecas y solo con ellas habla, tímido, hosco, raro; a la mujer que salta y baila sola por las aceras, especialita, desquiciada, rara; a la joven que viste de negro y duerme en los cementerios, siniestra, oscura, rara…
A todo aquel que hace o dice algo fuera de lo habitual, de lo común, de lo políticamente correcto y aceptable… ¡Raro, extraño, estrafalario, raro, rara, RARO!

Pero un raro debe ser valiente y llevar con orgullo el ser diferente, pues hay veces, querida, que los demás están equivocados pero no se paran a pensarlo ¿sabes? Pues tienen miedo de que los tachen también de raros. Entonces, se callan… no dicen nada.

Tal vez hay más raros de los que crees, no debes extrañarte si te notas extraña pues es lo habitual, sino cantarlo y gritarlo con alegría bailando sola entre las farolas.

Tal vez los raros sean mayoría, y los diferentes son los normales; quizás todos somos diferentes y todos somos iguales.

¿Entonces?

Entonces, la próxima vez que vayas a pronunciar la palabra rara, medita si tú misma eres diferente o eres banal, si eres una más o perteneces a la Rareza; pues al hacerlo estarás haciendo algo nada habitual y serás extraña, serás rara y tendrás que volver a empezar.

Estás loco tío Charles…

¿Eso crees?

Estás loco, lo dice mamá, y eres muy, muy raro.

Me alegra saberlo, mi pequeña Alicia, me alegro enormemente  de saberlo…