Fairy Oak

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martes, 22 de julio de 2014

La loca

En el fondo de un callejón, entre cubos de basura,
habita desde hace mucho una mujer sola.
Por las mañanas ríe, por las tardes llora,
los vecinos que allí viven suelen llamarla 'la loca'.

Cuando pasan perros o gatos, la loca charla con ellos.
Si pasan personas, les mira con odio y no abre la boca.
A veces, de madrugada, la loca habla sola.
En ocasiones, ella misma se pregunta y se contesta.

Una vez, alguien intentó dar monedas a la loca.
Ella decidió utilizarlas para apedrear a los coches.
Otra vez, alguien intentó llevarla a un centro para indigentes.
Ella replicó que su deber era cuidar a los cubos de basura.

Otra vez, la loca entró en un bar del callejón.
Se sentó tras la barra y pidió un vaso de agua.
Lo bebió de dos tragos. Luego se cayó redonda en el suelo.
El dueño del local la sacó a patadas del establecimiento.

Un otoño, una mendiga se enamoró de la loca.
Una tarde, con una guitarra rota, le compuso una canción.
Otra tarde, le regaló un ramo de flores.
La loca se comió los pétalos y no hizo nada más al respecto.

Ese mismo invierno, la loca apareció muerta.
En mitad de la noche, una figura encapuchada
había atacado bajo el manto del silencio.

A la loca le arrancaron la ropa. 
Después le asestaron siete puñaladas.
Una en cada ojo, una en el cuello,
otra en el vientre, tres en el pecho.
Le cortaron también varios cabellos.

En el funeral de la loca, nadie lloró.
No hubo asistentes, ni discursos,
no hubo perros ni gatos, ni mendigos, ni cubos.
En el funeral de la loca no hubo tumba, ni recuerdos.
No hubo funeral, ni tampoco cementerio.


A todas aquellas personas que están locas sin saberlo.


miércoles, 16 de octubre de 2013

domingo, 1 de septiembre de 2013

Tan dulce como tú



Dicen que a un hombre
se le conquista por el estómago.
Por eso mismo
fui a buscarte,
te arranqué del pecho el corazón
y con él me hice
un delicioso batido.

Después de beberlo, pensé
"Es cierto; en cierta forma,
te siento más cerca de mí ahora".



P.D Bon appetit.

(la foto no es mía, sino de una tal Carolina)

viernes, 20 de julio de 2012

Hallelujah, Leonard Cohen.

"Hallelujah"

I've heard there was a secret chord
That David played, and it pleased the Lord
But you don't really care for music, do you?
It goes like this
The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king composing Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

Your faith was strong but you needed proof
You saw her bathing on the roof
Her beauty in the moonlight overthrew you
She tied you to a kitchen chair
She broke your throne, and she cut your hair
And from your lips she drew the Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

Baby I have been here before
I know this room, I've walked this floor
I used to live alone before I knew you.
I've seen your flag on the marble arch
Love is not a victory march
It's a cold and it's a broken Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

There was a time when you let me know
What's really going on below
But now you never show it to me, do you?
And remember when I moved in you
The holy dove was moving too
And every breath we drew was Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

Maybe there’s a God above
But all I’ve ever learned from love
Was how to shoot at someone who outdrew you
It’s not a cry you can hear at night
It’s not somebody who has seen the light
It’s a cold and it’s a broken Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

You say I took the name in vain
I don't even know the name
But if I did, well, really, what's it to you?
There's a blaze of light in every word
It doesn't matter which you heard
The holy or the broken Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah

I did my best, it wasn't much
I couldn't feel, so I tried to touch
I've told the truth, I didn't come to fool you
And even though it all went wrong
I'll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah

Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah, Hallelujah
Hallelujah

mi versión favorita de esta canción es la que canta Rufus Wainwright

viernes, 4 de mayo de 2012

Pequeño aunque peculiar relato.


Al lector que desee disfrutar del relato, no lea el mensaje en color púrpura del final hasta haber acabado el relato escrito que presento a continuación. ¿Qué hará ahora que sabe esto? ¿Leerlo antes... o no?

SUR-REA-LISM
Miré a mi alrededor sin saber dónde me encontraba. No recordaba cómo había llegado hasta allí. Tampoco recordaba haber estado nunca en un lugar semejante.


Poco a poco mis pupilas se habían acostumbrado a la penumbra, observé en silencio la estancia en la que me encontraba. Solo veía mesas y sillas de todos los tamaños y formas a mi alrededor. Una superficie horizontal enfrente de mí. Parecía la barra de un bar. ¿Lo era?


Tras la barra, numerosos estantes llenos de botellas medio vacías, botes de pintura, viejos relojes y otros cachivaches. Una espesa, aunque fina, nube de humo gris sobre mi cabeza. Música de jazz alegre de fondo, suave, relajante. Sin duda, un bar. Un bar vacío. Pero no me resultaba familiar. ¿Sería la amnesia consecuencia del alcoholismo? Pero tampoco recordaba haberme emborrachado jamás. El alcohol me provoca náuseas y ganas de vomitar…


-Eh, chaval- La voz me sacó de mis pensamientos y me obligó a levantar la mirada de la barra.-chaval-repitió- Oye, ¿vas a tomar algo o qué?

La voz provenía de detrás de la barra. El hombre me miraba entre molesto y cansado.

-Sí, claro. Supongo que sí.

-Pues tú dirás- replicó, manteniendo el tono de fastidio. Miré su rostro atentamente, algo no me cuadraba pero ¿el qué? Orejas grandes, colmillos curvados, nariz alargada… Me sugería algo pero no lograba acertar qué me recordaba.

-Bueno, póngame un refresco de cereza- Suspiré.

- Cereza, ¿eh? ¿No preferirías una buena copa de Gala?

- Gracias, pero no tomo alcohol.

-Como quieras- dijo, y se dio media vuelta para buscar alguna botella, mientras refunfuñaba.


Mientras escuchaba el jazz, permanecí impasible y neutro mirando al frente. De repente, mis ojos se centraron en uno de los relojes de los estantes. Lo observé largo y tendido. No se estaba quieto. Estaba… en movimiento. Se doblaba. Se estremecía. Se retorcía.


Me fijé mejor en el estante. Todos los relojes se comportaban igual. Se movían. Se doblaban. Se estremecían. Se retorcían. Una y otra vez…

-Eh, oye- De nuevo la voz me despertó de la ensoñación.-Estamos espesos hoy, eh- El encargado me había servido ya y estaba esperando a que yo reaccionara, con el ceño fruncido.

-Deje en paz al muchacho- La nueva voz venía de mi lado derecho. Era un parroquiano que bebía lo que parecía ser una jarra de cerveza. No le había visto antes, pero llevaba ahí desde antes que yo, ¿no?-El chaval estaba observando los relojes, ¿no es así?

-Eh… sí, así es. Era, quiero decir.- El encargado volvió a lo suyo. El jazz fue desvaneciéndose y dio paso a una melodía melancólica, tal vez violines.

-Unos relojes peculiares, ¿no le parece?

-¿Cómo?

-Los relojes, muchacho, los relojes. Sin duda, la memoria que persiste es la que causa estos estragos.

-Sí, claro, sin duda…- una brisa de olor agrio me golpeó la cara. Observé a mi interlocutor. Era curioso, pero su aspecto sí me recordaba en cierta manera peculiar, aunque estaba seguro de no conocerle en absoluto. Su apariencia no era fuera de lo común, ¿o sí? Abdomen blando, cabeza de múltiples ojos pequeños y brillantes, antenas delgadas y sombrero de copa.


-¿Cuántos sueños cree usted que puede albergar una única carpa dentro de una granada?

-¿Cómo?

-Bueno, ya sabe, la conversación estaba un poco parada y el silencio me causa cierto malestar que…

-Disculpe, me distraigo con facilidad.

-Ya… ¿No será usted alcohólico por casualidad?-El tono en que hizo la pregunta me dio a entender que estaba muy molesto de repente.

-No, todo lo contrario. El alcohol me da arcadas.- El individuo pareció relajarse.

-Muy bien, muy bien. Es que yo soy médico, ¿sabe? Me tomo estas cosas muy en serio.

-¿Es usted médico?

-Desde luego, y de los mejores; me atrevería a decir. ¿No se ha fijado usted en mi sombrero? Los detalles son los detalles.

-Sin duda…- Nuevamente permanecimos un buen rato en silencio. Ya no se oía música de ninguna clase. De vez en cuando, escuchaba algo así como maullidos de gato lejanos. O tal vez fuesen grillos cantando. 

Nuevamente, mi acompañante de barra tuvo que romper el hielo.

- ¿Y no bebe usted, de todas formas, una copita de Gala? No tiene nada de alcohol, se lo aseguro. Puedo convidarle si lo desea. A ella le gustaría.

-¿Ella?

-Gala. La dueña de este bar.

- Pero yo creía…

-¡Pero se equivocaba!- Me interrumpió riéndose estrepitosamente- Es usted más equívoco que los largos y retorcidos bigotes de un relojero totalmente chalado. Pero mire, por allí se acerca ella. La más hermosa que pueda encontrar, se lo aseguro.


Chalado, desquiciado. Por las escaleras que hasta ese momento no había visto descendía elegantemente una dama que llegó hasta nosotros y nos sonrió con la mirada. Médico y camarero se pusieron a charlar despreocupadamente de todo y de nada, sobretodo de nada, ignorándonos por completo.

-Buenas noches, señorita.- Saludé muy cortésmente. Ella se limitó a inclinar la cabeza. Era algo más alta que yo. La música había regresado. Sonaba algo histérica y agobiante, pero yo solo tenía oídos para el silencio de Gala. No había ningún olor que pudiera percibir. Solo a ella la percibía. No hacía ni cinco segundos que la conocía y ya lo deseaba todo de ella. La deseaba.


Charlamos durante minutos que se me hicieron horas. Los relojes ahora estaban quietos y poco a poco, se derretían como la mantequilla al sol. Pero yo solo tenía ojos para ella. Era tan elegante, tan bella, tan sutil… No podía apartar la mirada ni aunque quisiera.

Bebí numerosas copas de Gala y me emborraché sin necesidad de probar una gota de alcohol. El parroquiano y su interlocutor nos observaban de reojo divertidos. En un momento determinado, nos hicieron una seña con la cabeza en dirección a la escalera. Sin pensarlo subimos, agarrados, peldaño a peldaño, y penetramos en un pasillo oscuro y frío. Me dirigió a una puerta, tras la cual se encontraba un cuarto pequeño, algo insulso, sin muchos muebles, pero más cálido que el resto del establecimiento. 


Gala me tumbó en una enorme cama. Era tan grande que casi ocupaba toda la estancia, una cama de matrimonio confortable. Sabíamos lo que queríamos cada uno del otro. Deseaba reposar con ella. Su belleza. Su tez verdosa, su figura esbelta, sus colmillos, sus patas largas y afiladas, su mirada de vidrieras negras… definitivamente: Ella.


Gala, Gala. Repetía su nombre de forma pasional una y otra vez mientras ella me desnudaba y me besaba con lentitud y maña.


Continué repitiendo su nombre mientras ella me devoraba. Sencillamente, lenta, pausada y fríamente, con sus fauces arrancaba pedazos de mi cuerpo y, poco a poco, me devoraba.

Se movían. Se doblaban. Se estremecían. Se retorcían. Una y otra vez…


De fondo, a lo lejos, volvía a sonar una alegre, suave pero agradable, melodía de jazz.


  
Como el lector habrá podido observar, si tiene conocimientos más o menos básicos de literatura y arte, en este relato me he inspirado en los artistas Kafka y Dalí, logrando una historia algo surrealista y kafkiana, probablemente incluso levemente perturbadora. Espero que captéis todos los pequeños detalles y referencias, y que disfrutéis con su lectura (o no).

Mención especial a Lu, ya que gracias a su concurso literario me animé a acabar este relato que llevaba tiempo queriendo escribir aunque me temo que no he llegado a tiempo para presentarlo en su concurso porque a mí me lleva mucho tiempo acabar mis "obras", soy un tanto vaga (demasiado) y dejada para la cosa de escribir. Por eso mis relatos y poemas suelen ser más bien cortos jejejeje...

¡Gracias, Lu! Espero que te guste ;)



sábado, 4 de febrero de 2012

Ojos verdes (relato inspirado en la leyenda de Bécquer)

Érase una vez...

Un joven que vivía trabajando en el castillo de sus señores feudales, pues hacía tiempo ya que se había quedado huérfano y debía trabajar duro para que él y su hermano no fueran expulsados a tierras extranjeras, que estaban plagadas de penurias y enfermedades horribles.

Miguel, que así se llamaba el joven, daba todo lo que podía por sus amos y por el porvenir de los suyos; era un chico extremadamente noble, honrado y trabajador; todo lo tenía pero también dos defectos poseía: La curiosidad y la imprudencia, peligrosos hermanos para el ser humano, y con mayor motivo si es un joven varón.

Pues un día, mientras estaba trabajando los campos de sus señores, creyó Miguel divisar un extraño reflejo que bailaba entre las sombras que los árboles producían y, curioso como él era y ya cansado de la dura mañana que había tenido, decidió ir a echar un vistazo en derredor.

No tardó en descubrir que se trataba de una muchacha que debía rondar los 17 o 18 años, vivaracha,  que bailaba y jugaba alegremente por el bosque y que, perdida en sus ensoñaciones, no vio a miguel que la observaba con una mezcla de curiosidad y perturbación. La joven vestía un largo camisón blanco, ligero como su melena castaña que se mecía dulcemente con los movimientos de la muchacha.

¿Qué hacía aquella chica sola, tan lejos de la seguridad de las murallas? Miguel decidió superar su timidez por una buena causa, llevarla de nuevo a la protección del castillo y, si era huérfana como él, pedir a los señores feudales que la admitieran entre su corte.

-Perdone, señorita- dijo muy educado, saliendo de las sombras. La muchacha se volvió hacia él y Miguel pudo enseguida notar, que a pesar del rostro infantil que ella tenía, las formas de su figura denotaban que no se había equivocado al calcular su edad.

-Señorita-continuó, algo más nervioso que antes- no debería estar sola en este bosque en estos tiempos que corren. Será mejor que deje que la acompañe a los terrenos del castillo donde estará más segura.

La joven se acercó un poco a él y le miró directamente a los ojos sonriendo. Miguel observó que su mirada era muy hermosa, de un color verde esmeralda, como las aguas de un lago cristalino, como la salvaje naturaleza, como… No pudo evitar contemplar esa mirada un rato más de la cuenta, de lo correctamente establecido para tratarse de una joven desconocida.

Ella de pronto soltó una carcajada y, fugaz como una estrella, ágil como un cervatillo, desapareció entre los árboles cantando algo que no pudo entender. El joven permaneció allí de pie, como atontado unos minutos y después, se fue.

Esa tarde, de nuevo en el castillo, se lo contaba a su única amiga y mayor confidente, la hija menor de los señores feudales, Elisa, que era más o menos de su edad, y que le entendía y le escuchaba como nadie más sabía. Ella se mostró asustada de lo que él le narraba y en su corazón una angustia que hasta entonces desconocía le hacía daño en el pecho. Eran los celos, aunque ella no lo sabía, pues; aunque no fuera consciente plenamente de ello, estaba enamorada de Miguel.

-Probablemente es extranjera, Elisa; pues no entendí una palabra de lo que cantaba mientras se alejaba.

-No creo que sea buena gente, Miguel. Tal vez incluso se trataba de una bruja disfrazada intentando atraerte con sus horribles artes. Lo mejor será que te olvides de ella, cambiemos de tema.

Pero no podía, no podía expulsar de su memoria aquellos ojos verdes. Y aunque sospechaba las razones de Elisa para disuadirle de esos pensamientos y aunque siempre había encontrado bastante bella y atrayente, su mirada era de un vulgar y corriente color marrón, cálido, si, pero no lo suficientemente atractivo como para satisfacer… su curiosidad…

Esa noche, Miguel no podía dormir. La voz de la misteriosa joven aún resonaba en su mente y aquellos ojos…

Se levantó de su cama y se asomó por la pequeña ventana, que daba al campo que esa misma mañana había estado trabajando. Mientras contemplaba el cielo estrellado, la melodía que entonaba la muchacha se fue volviendo más intensa en sus recuerdos. ¡No! No la estaba imaginando, la escuchaba de verdad. Casi enloquecido, salió de la habitación. Tenía que encontrarla, no podía ser de otra manera.

Al llegar al portón de la muralla se encontró con una figura que la aguardaba. Era Elisa, claro. Ella sabía lo que iba a hacer, lo intuía.

-No vayas, por favor. Miguel, no te vayas, hazlo por mí.- Él miró sus ojos y vio por primera vez que no eran en absoluto vulgares ni corrientes. Eran preciosos. Pero no eran verdes. 

Nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Miguel no sabía lo que tenía y además era presa del capricho, del deseo, de lo prohibido. Era víctima de la curiosidad. Y la curiosidad mató al gato, queridos amigos, como todos sabemos ya.

Él hizo caso omiso a su corazón y al de Elisa, que se rompía en pedazos mientras él se iba alejando poco a poco de las murallas, del castillo.
En la mente de mente de él no quedaba espacio para el arrepentimiento, mientras se internaba en el sombrío bosque, cada vez se encontraba más confuso por la situación, le parecía que vivía un sueño pero continuaba guiado por la voz ansiando encontrarse esos ojos otra vez…

Por fin estuvo frente a ella. La joven estaba ahora cambiada, parecía más adulta, más bella y salvaje; más peligrosa. Estaba completamente desnuda y bailaba como aquella mañana totalmente sumergida en sus ensoñaciones. Miguel apenas era consciente de esto, solo deseaba hundirse en su mirada y aferrarse a su figura de mujer… 

El deseo cada vez lo confundía más y cada vez razonaba menos. Ella lo vio y, riendo, lo abrazó. Él no podía más quería ver sus ojos verdes, quería tocarla, quería besarla, quería… cuando al fin las pupilas de ambos se encontraron, el universo se le hizo un segundo y ese segundo se le hizo miles de años…

Su figura de mujer se deshacía entre sus dedos, se difuminaba como el humo en el viento… pero Miguel no veía nada, solo un lago verde cristalino ahogado en la lujuria… cuando estos desaparecieron también, se vio tumbado y desfallecido en medio de un bosque frondoso y sombrío, rodeado de lobos hambrientos que le observaban con aire inquisitivo, sus ojos amarillos eran toda la luz en aquella oscuridad.

Miguel lo había olvidado todo para siempre: Quién era, dónde estaba, cómo había llegado allí… Se había olvidado por completo de su hermano, de sus señores y de una joven de bella mirada marrón muy cálida, que no podía dormir, enferma de tristeza; pues su único amigo llevaba siete días desaparecido…


Tan solo una siniestra melodía quedaba ya en su mente… así como una sombra de tono esmeralda anclada en el fondo de su corazón.

sábado, 21 de enero de 2012

Y si me dejas...

Sobre los campos,
Bajo los cielos,
Sobre la tierra,
Descanso.
Entre los pétalos
De las violetas
(tus favoritas)
Descanso.
A través de los sueños
Y si me dejas
Recuerdo tus besos
Entre mis piernas.
Bajo el alféizar
de mi ventana,
y ahora que el cuarto
está vacío;
ahora que paso
noches en vela…
Pasa el tiempo
Y si me dejas
Olvido tu nombre
Olvido tus besos
Olvido tus palabras
E incluso tu aliento
(aliento de mortales,
Que a los vivos perteneces)
Mas, dime cómo olvidarme
(dime cómo olvidarte)
Cómo descoser tu mirada de mi pecho,
Borrar tus caricias de mi anhelo;
Cómo no desear verte de nuevo
Y no despertar cada mañana
Esperando que todo fuera un mal sueño…
Y mientras tanto,
Y si me dejas
Sobre los campos,
Bajo los cielos,
Sobre tu tumba,
Yo permanezco.
la vida entera...